Hay épocas en las que uno anda buscando señales, esos momentos que te toman de sorpresa, y en las que uno deja a la suerte la excusa para seguir adelante.
En esas desesperadas horas de la noche, aún sin poder conciliar el sueño, recurrí a tomar el primer libro de la biblioteca y abrir una página al azar. Esas líneas me dirían algo, algo que debería poder interpretar.
Mi sorpresa fue haber abierto un libro de peces , maldita suerte. Cómo cualquier mortal me pregunté cómo diablos descifraría una señal en ese párrafo. Pero ya era un obstáculo menor, y sería tramposo aventurarse en el juego que nos quede mejor.
Empezaba ...
Pimelodella laticeps, llamado vulgarmente bagre gris o cantor, dos adjetivos que describían misteriosamente una misma cosa, la triste melodía que interpreta. En los ritos populares solían trasmitirse importantes enseñanzas usando los sabios consejos que el bagre, un frecuentador de los fondos oscuros del universo, confesaba a los nativos cuando lo sacaban del agua. Decían que a los incrédulos les soplaba el secreto de la vida, a los desprevenidos les confesaba el misterio de la muerte, a los músicos les regalaba desde una pequeña melodía hasta canciones enteras.
Y algunos otros afortunados, que han sabido oportunamente llorar, se les obsequió la fórmula del amor eterno.
El único problema que presenta, como todas las creencias populares,es que no estamos seguros de que algo de lo que confiese sea verdad, al menos no una verdad estadística como le gustaría a muchos. Y es debido a que nadie se ha animado a darle nombre al partícipe de alguna anécdota, y por lo tanto, a ninguna experiencia científicamente verificable. Como consecuencia, el bagre sufre un inmerecido lugar entre los secretos poco conocidos de la naturaleza.
Y en la persecución del mito, sólo encontré a una persona que reconoció haber sido testigo de una confesión de aquel pez artista:
-Era una noche de verano, de esas que junto al río, uno piensa en muchas cosas entretejidas, sin censuras. Como en lo complejo de explicar la vida sin la continuidad, sin poder concebir el vacío, allí, donde la gente pone sus creencias. También pensaba en compartir el instinto animal y romántico que te despiertan las mareas de estrellas con todas las personas que amo.Y en ese momento pensé en vos, recordé lo bien que me hacía tenerte cerca... Me levanté, imaginándote y me acerqué a una piedra, donde podía ver mejor la profundidad de las aguas. Ahí mismo, oí la sentencia:
deberías darlo todo.